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Mostrando las entradas de abril, 2021

Ansiedad (11)

Una pieza de rompecabezas cuelga del marco de la puerta, clavada con un invisible que guardé una vez, pensé que iba a ser útil y así fue. Estoy pendiente a ver a donde cae ¿sobre el piso, la cama, el sillón, la guitarra, las fotocopias, el arroz o las medias? ¿Qué dice de la cosa el lugar donde cae? 

Rutas Argentinas

En algún lugar de la ruta entre Benito Juárez y Azul, perdí la cabeza. Algo me atrapó a las once de la noche, la más fría del verano, en la que el volante hacía fuerza hacia todos lados, queriendo escapar de mi fuerza contraria para domarlo. Algo se sintió vivo por fuera de mi en ese viaje solitario, el viento dijo algo, el auto me saludó, la luna hizo una cara o los árboles dejaron de serlo. No sé. Solamente sentí un escalofrío de la realidad, un chucho absurdo que parecía una puerta que se cierra de golpe por una ráfaga de viento muy fuerte.  Traté de entrar en razón pero lo que escuchaba no tenía sentido, era una radio en otro idioma, un extranjero tratando de calmarme en un país cada vez más lejano, extraño, ajeno, imaginario. Apreté el acelerador para no perder la idea, estaba yendo a un lugar, la fuerza nueva sobresaltó al locutor, que comenzó a perder la paciencia. El viento empujaba las ventanillas, los árboles se formaban en torno a la luna, bailaban un ritual hermoso y an...

Se escribe mejor de noche

A esta hora es que vienen las ideas más interesantes, menos pudorosas, con fuego que no tiene nostalgia y quema porque hay que quemar algo adentro para seguir ardiendo sin pedirle permiso al viento para no apagar las brasas.  Ahora viene una sonrisa que dejaría en vergüenza al gato de Cheshire. Comienzo a ronronear con recuerdos que solo puedo encontrar ahora, a esta hora de la noche. Que me ponen la piel de gallina por encontrar un poco de vos en el lugar menos pensado, como si se presentara una anti-banshee en algún lugar del balcón. Pero te encuentro a vos en mi ropa, flotando sobre la pasta de dientes y el baño del que recién salí. Algo me dice que no necesito mostrarte lo que escribo para saber que estas ahí. 

Hojas

Ya sé que el barbijo no me deja respirar bien, los puchos tampoco, de todas maneras, mientras espero el bondi, me lo bajo un segundo para prenderlo mejor. Ahí viene, oliendo la nicotina recién quemada, le hago señas con la mano que da a la vereda. Así, cruzado y con el cigarro en la boca, trato de no caer en las hojas arrimadas al árbol. En el colectivo veo a una policía hablando con el chofer, comentan sus horas de sueño, sus lugares pequeños, sus colchones compartidos con quien quiera dormir porqué no hay nada más. Ya sé que conmigo no alcanza, mi ayuda no es suficiente y la responsabilidad individual no es lo que va a salvar todas las vidas que viven en la calle, pero no puedo dejar de darle mi plata a quien pide y decirle "buena suerte", esperando que no se lo tome a mal porque, en su cabeza, la suerte es para quienes no trabajan. Me bajo del colectivo y me acerco al tren, una persona habla sola a mi lado y suelta un insulto a esa imagen mental. Alguien en la calle se lo ...

Puchito y a dormir

 ¿Se acuerdan cuándo el país se iba a la mierda porque nos quedábamos sin cigarrillos? Increíble, el humo que tanto mata gente, tan buscado por tanta gente. Sin problema de gastarse una parte del sueldo con tal de tener esa droga que los saque de la tensión cotidiana. No me puedo hacer el boludo, me encanta como me hace mierda, me encanta sentirlo bajar por mi garganta, llegar hasta mis pulmones e inflar el pecho, como con orgullo, volviendo, mi cuerpo, parte del humo. Es que me encanta, me encanta el sabor acido del alquitrán con café, a las 9 AM, y los besos llenos de ceniza tienen una parte de suciedad, de impureza, que me mantiene como al borde de mi mismo, como en la contradicción. Por eso me encanta, me siento en casa, en contradicción. Es como eso, aunque el mundo se esté quemando, todos los esfuerzos van a arreglar iglesias. Querés morir y asesinar a todos los fumadores pasivos a tu alrededor, dejar la estela de probabilidad en el aire, no tener el virus, pero soplarlo haci...

Nido

Una forma de encontrarnos entre tanta ciudad bajo toda oscuridad, es mirarnos como leyendo cuentos pasando de la letra, a los cuerpos; entre lo de afuera y el silencio, sobre las bases de lo propio. Traer nuestras cosas (rata por rata) para construir, rama con rama, un nido de abrazos, que es un privilegio

Embriagado de letras y poesías.

 Con el cuerpo cansado y la mente furiosa, es que se fusionan estas palabras para dar sentido. Con los ojos que vieron, desde el otro lado de la luz, un mar dibujado a lapicera y con olor a café,  lleno de neblina, de mirar a los ojos para no ver nada más. Mar que desemboca en delicados globos de servilleta, sobre los cuales se llega flotando a enredaderas deliciosas. Es ahí, en las enredaderas, donde se puede ver  un valle de bardas rojas, un desfile de arcoíris, un pasado que no carcome pero tampoco invita,  árboles negros y beige sobre la calle más ancha,  y dos dedos que se pintan de verde. Es ahí, en las enredaderas, donde se arriesgan los suicidas desvelados que esperan, día a día, el momento que se encuentren, sin querer, con eso que buscan. Se arriesgan a la compañía de una semilla que germina, brota, respira, cuida, da fruto y comparte fuerzas. Se arriesgan a quedar desnudos, acostados en la sombra, observando al árbol ajeno que dibuja una sonrisa media...

A veces es así.

 Si, de vez en cuando pasa que estás en una esquina, y una moto suelta una granada de ruido que puede ser un disparo en cualquier dirección.  Solo queda mirar al rededor y esperar el espanto. Queda esperar que la música, esa que se escucha tan fuerte, no sea la forma de buscar un refugio entre tanta disparidad.  Lo que no puede pasar es que, en el afán de "tranquilizar al barrio", sean los autos blancos y azules los que pasan,  sueltan la granada y a esperar. Es increíble pensar que, desde los lugares donde la música se escucha tan fuerte, salgan los muertos más silenciados. 

4 de agosto

 Quiero borrar de mi cabeza un par de días. El día que te conocí y me enamoré profundamente de la forma en la que identificás a un boludo (el tiempo que tarda en darse cuenta que está siendo observado). Y tus ganas de decirle todo eso que le ibas a decir pero no pudiste porque justo tenías un examen que terminar, unas vueltas que dar. Y el día que pensé "Esos besos son un nudo".

Fuerza

 A veces existo dentro de un calabozo, en el cual despierto desorientado, asimilando mi llegada al lugar. Recuerdo ir a dormir, recuerdo la sensación de despertar. Estoy seguro que recuerdo cuanto me costó el gas y su fecha de vencimiento. En este momento, mi mente, se encuentra en un presente agudo, mis manos se aprietan y se sueltan, tratando de generar un estimulo suficientemente fuerte para que mi cuerpo responda y, finalmente, tenga sentido. Comienzo a transpirar, las paredes comienzan a respirar, las ventanas me miran, saben algo que yo no. Mi corazón se acelera de una manera que solo es comparable con el momento que un colectivo pasa, con su espejo retrovisor, a 10 Cm de tu cráneo.  Las respiraciones se vuelven más intensas, lo que provoca que el calabozo se inflame sobre mi, tapando todo, volviéndome parte de el. Un lugar lleno de sombras, lagunas, páramos, esteros de la memoria. Es entonces cuando trato de ver del otro lado, hay alguien ahí. ¿Soy parte de la casa? ¿Me...