Hojas

Ya sé que el barbijo no me deja respirar bien, los puchos tampoco, de todas maneras, mientras espero el bondi, me lo bajo un segundo para prenderlo mejor. Ahí viene, oliendo la nicotina recién quemada, le hago señas con la mano que da a la vereda. Así, cruzado y con el cigarro en la boca, trato de no caer en las hojas arrimadas al árbol. En el colectivo veo a una policía hablando con el chofer, comentan sus horas de sueño, sus lugares pequeños, sus colchones compartidos con quien quiera dormir porqué no hay nada más.

Ya sé que conmigo no alcanza, mi ayuda no es suficiente y la responsabilidad individual no es lo que va a salvar todas las vidas que viven en la calle, pero no puedo dejar de darle mi plata a quien pide y decirle "buena suerte", esperando que no se lo tome a mal porque, en su cabeza, la suerte es para quienes no trabajan.

Me bajo del colectivo y me acerco al tren, una persona habla sola a mi lado y suelta un insulto a esa imagen mental. Alguien en la calle se lo toma personal y tiene uniforme. Llegan unos autos y nadie habla, ni solo, ni con el resto.

Solo se escuchan las hojas pisadas del otro lado de la plaza que da a la estación

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