Fuerza

 A veces existo dentro de un calabozo, en el cual despierto desorientado, asimilando mi llegada al lugar. Recuerdo ir a dormir, recuerdo la sensación de despertar. Estoy seguro que recuerdo cuanto me costó el gas y su fecha de vencimiento.

En este momento, mi mente, se encuentra en un presente agudo, mis manos se aprietan y se sueltan, tratando de generar un estimulo suficientemente fuerte para que mi cuerpo responda y, finalmente, tenga sentido.

Comienzo a transpirar, las paredes comienzan a respirar, las ventanas me miran, saben algo que yo no. Mi corazón se acelera de una manera que solo es comparable con el momento que un colectivo pasa, con su espejo retrovisor, a 10 Cm de tu cráneo. 

Las respiraciones se vuelven más intensas, lo que provoca que el calabozo se inflame sobre mi, tapando todo, volviéndome parte de el. Un lugar lleno de sombras, lagunas, páramos, esteros de la memoria. Es entonces cuando trato de ver del otro lado, hay alguien ahí.

¿Soy parte de la casa? ¿Me estoy viendo a mi?

Mis ojos quedan tan hinchados por el esfuerzo, que duelen. Mi cabeza trata de procesar la pregunta:

¿Cómo llegaste acá?

La desesperanza, la agonía y la fibra misma de la que se componen los miedos parecen converger en un chaleco de fuerza del cual no puedo zafar.

Del otro lado estoy en un calabozo, en el cual despierto desorientado, asimilando...

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