Alarma
La última vez que te encontré en la parada del tren, vos esperabas a alguien que yo conocía. Hablamos unos minutos, mientras esperabas. Yo hacía tiempo para no llegar. El viento agitaba los arboles de un lado al otro y las nubes no desaparecían de ninguna parte en el horizonte. Solo una manta gris de felpa en el cielo. Un escalofrío te recorrió el cuerpo y te pregunté si podía darte un abrazo. Parecía una pregunta estúpida, infantil, pero la agradeciste y aceptaste. Mientras buscábamos un lugar en el que sentarnos, vimos un pedazo de vereda que no tenía ninguna gota de polvo. Nos sentamos. Me contaste de tus cosas, de esa persona que estabas esperando, de tu ansiedad, de tu nerviosismo. Me dijiste que te estabas descubriendo, encontrando cosas nuevas que te daban perspectiva sobre el sufrimiento y la vida. Me contaste que ya no lloras cuando te vas a dormir, esperando que el dolor desaparezca. Ahora estás en la nube del descubrimiento hasta que salga alguna changa. Me contaste de ...