A veces es así.
Si, de vez en cuando pasa que estás en una esquina, y una moto suelta una granada de ruido que puede ser un disparo en cualquier dirección.
Solo queda mirar al rededor y esperar el espanto.
Queda esperar que la música, esa que se escucha tan fuerte, no sea la forma de buscar un refugio entre tanta disparidad.
Lo que no puede pasar es que, en el afán de "tranquilizar al barrio", sean los autos blancos y azules los que pasan,
sueltan la granada y a esperar.
Es increíble pensar que, desde los lugares donde la música se escucha tan fuerte, salgan los muertos más silenciados.
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