Pero bueno, es lo que hay.

 Me construiste un monstruo, con el cual me identificaste. me igualaste, y te callaste todos tus pecados.
Me hice cargo del monstruo, dije que sabía controlarlo, traté de decirte que cosas había hecho y vos las moldeaste. 
No tengo manos de víctima, ni de represor. 
Tus manos son menos puras de lo que crees.

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