Alarma

 La última vez que te encontré en la parada del tren, vos esperabas a alguien que yo conocía. Hablamos unos minutos, mientras esperabas. Yo hacía tiempo para no llegar. El viento agitaba los arboles de un lado al otro y las nubes no desaparecían de ninguna parte en el horizonte. Solo una manta gris de felpa en el cielo. Un escalofrío te recorrió el cuerpo y te pregunté si podía darte un abrazo. Parecía una pregunta estúpida, infantil, pero la agradeciste y aceptaste.

Mientras buscábamos un lugar en el que sentarnos, vimos un pedazo de vereda que no tenía ninguna gota de polvo. Nos sentamos. Me contaste de tus cosas, de esa persona que estabas esperando, de tu ansiedad, de tu nerviosismo. Me dijiste que te estabas descubriendo, encontrando cosas nuevas que te daban perspectiva sobre el sufrimiento y la vida. Me contaste que ya no lloras cuando te vas a dormir, esperando que el dolor desaparezca. Ahora estás en la nube del descubrimiento hasta que salga alguna changa. Me contaste de un libro que estabas leyendo y porqué era una obra hermosa sobre humanos que no saben que están atravezades por mil boludeces y está escrito de una forma muy bonita.

Después de eso, escuchamos el silencio. O lo más parecido a eso a veinte metros de la estación de tren. 

Mi silencio te hizo pensar si estaba bien decirme todo eso que dijiste. Te hizo preguntarte si me habías herido o faltado el respeto. Te hizo saltar todas las alarmas de tu cabeza y me dijiste:

"Disculpá"

Yo no sabía que decirte, así que abrí la boca y empecé por lo obvio. Te dije que estoy tratando de hacer más silencio últimamente, ya que, querer dar mi opinión todo el tiempo resultó contraproducente con varios tipos. Te dije que me había tocado vivir situaciones muy incomodas con personas que no sabes lo indecisas que son. Me tuve que fumar discursos de moralidad que son pura teoría de paja. Te dije que había sido una semana difícil porque, hacía 6 semanas que estaba en fin de mes. Y la persona que hacía el dolor mas soportable, decidió frenar todo. Nos dimos otro abrazo, para lamer un poco las heridas, pensar de nuevo, lejos del juicio que lleva a la penitencia. Cerca de la comprensión que sana tu infinita sabiduría.

No nos explicamos nada, solo nos abrazamos con el alma, esperando ponernos mejor. Vos me preguntaste si podía darte una opinión sobre lo que me dijiste y yo acepté.

Nos levantamos y nos fuimos.

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