Sin Querer
El Sin Querer fue uno de esos botes que iba donde se esconde el sol.
Tenía un capitán que no era mal tipo, solo necesitaba encontrar algo en el mar. Pasaba los días remando y navegando, observando y anotando. Un buen día encontró un puerto en el cuál descansar unas noches, el Sin Querer iba a ver las olas y las nubes pasar unos días.
El capitán, cansado de anotar, comenzó a pensar; cansado de observar, miró un bar sin emoción, y cansado de navegar, encalló en una silla al lado de la barra. Y cansado de remar, empezó a escuchar a las personas que hablaban con él. Un día se convirtió en una semana, una semana en un mes y así pasaron algunas estaciones. El capitán le tenía cariño a estas personas. Les amaba, no de la manera en la que uno ama a un bote (amor unilateral e incondicional). Amaba sus risas, sus historias, sus creencias, sus diferencias...
Y sin querer descubrió lo único que el mar no podía darle. Volvió a su bote y soltó los nudos, el Sin Querer se subió a cada ola que pasaba. Sin querer, una ola lo llevó al horizonte y lo dejó en el filo del mundo. El capitán dejó, a propósito, su vida solitaria de marinero para seguir navegando el mar calmo del puerto. Donde pensó "Espero que ese bote encuentre, sin querer, a alguien más, que no sabe que hacer"
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